Ánimus




La sin cordura se presenta sin avistar
el cruce y la huelga sin pronta espera,
a voluntad del campanazo y los timbres
del tímpano a la izquierda y recta de la fisura
hueca entre el lienzo y la tormenta inhalar
el tambor de la noche.

Siendo más que inexistente al tragarse su propia
lengua, reemplazando la sin sombra a contraluz
del mar Sun Tzu, gobernando los hilos mentales,
como puentes colgadizos, construidos con furor y
calma al oleaje llanto de no parar. Tan vibrante
como un té frío, agarrar el talón y suspirar el telón,
entre volver y no salir del escenario, al cantar
prosas de aniversarios, al conteo sin vuelta,
jugando a desafiar el tiempo, quedado bajo
la piel del corazón.

Llega la sinrazón de escribirle, de hacerle saber
que no se marcha ni en el espacio sideral más
inmenso que medita las zonas mortíferas del alma,
aprisionando el olfato, como búsqueda única,
cursando el renglón perceptivo sin neutralizar
el sonido del viento como silbato interno.

Ahora entiende que hablaban tras albas
sin mudar la rebeldía chacal, a huellas
mineral, entonando el equilibrio emocional,
es más que poder bailar con nuevas zapatillas
sin nombres y semanas, por encima del destiempo
ser máscara de día y rostro de tarde, para así encontrar
la autoexploración verbal, y sensibilizar los sentidos por
nueva vez, al acorde de la guitarra o el saxofón ánima,
observando en silencio las manos que acarician sin tocar,
a la libertad de volver a gritar con furia el Qi al despojar
las energías negativas sin los misterios del Yin Yang.

He vuelto, ahora si soy la voz no el latido,
la razón no la semejanza sin la complicidad
madrugada, despertando los sentidos ocultos
al desnudar por completo la única vestimenta
que cubre el cuerpo, la piel.

@rafaelnadalsimo

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