Llovizna

Rafael Nadal Simó

Imagen: Rafael Nadal Simó

Llegaste tan pronto y te fuiste, el anhelo apareció, disfrazado de verdad compuesta por cenizas y murmullos que van con prisa por la noche sin ida con un sol de madrugada, escondiendo la herida curar. No vayas y vuelvas, el deseo y el bien, a lo lejos del mal
elemental, como la sombra a media, entre la puerta y la ventana, bajo vela secar
las calzadas y apagar el tambor... Te llevó en la almohada, soñar que estás, un espejo de doble cara, alucinar el ahogo, llevarse la constancia del aire, y ser sólo céfiro esquivarse con la lluvia y el añil verbal.

No te olvidaré, fragmentando trozos y recorridos de una vieja fotografía que por más la observe, descubro nuevas formas de extrañarla y quererla. Sí lloran los cántaros, puede que la mística sensación del firmamento, no disimule por completo el borde del cielo, el cual dibuja los grises y colores que desde su lienzo semblante, aprendí a contemplar. No vuelvas a echarle limón a mi corazón, y creer que la sal cicatrizaría, cuando el adiós, no te arrepienta, trajo el invierno en abril, terminando agosto y enero, cuando mayo se marchó a su selecto aniversario, buscando entender la penúltima canción y el verbo, el verso sabiendo a silencio, y echado al sofá, viendo la calle mojar, como el cimiento de mi cabeza, subsuelo y sabor a cobre y hierro, como la lengua enredarse a poesías y prosas, distinguidas a su niñez y cariño, a la voz y el sexto sentido, viajar a lugares sin naufragio, en el océano de su pelo a mil botas de la orilla y su regazo, trazar la textura y los dedos, alineados a la cima de su oasis, ser el ocaso y la síntesis de mi aguacero.

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